CAMINO A DAMASCO

 Pan para el Espíritu: La conversión de Saulo de Tarso

Antes de comenzar, centrémonos por un momento, en la vida de este santo llamado el "Apóstol de los Gentiles". 

Nació en Tarso, hacia el año 8 de nuestra era y tenia la ciudadanía Romana.

 Recibió una educación muy rígida por parte de su familia. A los 5 años de edad, iba a la escuela sinagogal de Tarso y hablaba el griego Koiné,(Griego popular) que era la forma que tenían los Judíos de la Diáspora, para comunicarse con las personas de otras lenguas, ya que ellos se encontraban diseminados en las ciudades costeras del Mediterráneo oriental.

También conocía muy bien "La Mishná", un conjunto de reglas jurídicas y morales comentadas, escrita en Hebreo antiguo, formando parte del "Talmut" y dando la  forma a la base de "La Torá".

A los 16 años, domina muy bien el Talmut, y es enviado a Jerusalén, a la escuela del Rabino Gamaliel. Allí completa sus estudios en la escuela rabínica, y a los 20 años de edad, ya graduado, vuelve a Tarso. 

Al destacarse como un Fariseo brillante, se gana la confianza de las autoridades, quienes lo envían a perseguir a los miembros de la nueva secta cristiana.

Participa en las persecuciones y se encuentra en la lapidación de San Esteban, el primer Mártir.

Es así, que es enviado a Damasco y se produce el encuentro con Jesús, provocando el gran cambio en su vida...

Las autoridades judías le habían ordenado a Saulo de Tarso perseguir a los cristianos de Damasco.
 Mientras se dirigía a ese destino, un resplandor del cielo le hizo caer al suelo dejándolo ciego, mientras él y los que cabalgaban con él, oían una voz que decía: «Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?» (Saulo era su nombre hebreo y Pablo su nombre romano). 
El respondió: ¿Quién eres tú Señor? Y oyó que le decían: "Yo soy Jesús a quien tú persigues. Pero ahora levántate; entra en la ciudad, y allí se te dirá lo que tendrás que hacer".
Los hombres que iban con él se habían detenido mudos de espanto, pero no veían a nadie. Saulo se levantó del suelo, y aunque tenía los ojos abiertos no veía nada. Lo llevaron de la mano.
 Pablo finalmente llega a Damasco, y pasó tres días sin comer y sin beber. 
 El Señor le dijo en una visión: ¡Ananías! El respondió: "Aquí estoy Señor" y el Señor le dijo: "Levántate. Vete a la calle Recta y pregunta en la casa de Judas por uno de Tarso que se llama Saulo; mira: él está en oración y está viendo que un hombre llamado Ananías entra y le coloca las manos sobre la cabeza y le devuelve la vista.
Respondió Ananías y dijo: "Señor, he oído a muchos hablar de ese hombre y de los males que ha causado a tus seguidores en Jerusalén, y que ha venido aquí con poderes de los Sumos Sacerdotes para llevar presos a todos los que creen en tu nombre".
El Señor le respondió: "Vete, pues a éste lo he elegido como un instrumento para que lleve mi nombre ante los que no conocen la verdadera religión y ante los gobernantes y ante los hijos de Israel. Yo le mostraré todo lo que tendrá que padecer por mi nombre".
Finalmente Ananías entró en la casa. Le colocó sus manos sobre la cabeza y le dijo: "Hermano Saulo: me ha enviado a ti el Señor Jesús, el que se te apareció en el camino por donde venías. Y me ha enviado para que recobres la vista y seas lleno del Espíritu Santo". Al instante se le cayeron de los ojos unas como escamas y recobró la vista. Se levantó y fue bautizado. Tomó alimento y recobró las fuerzas.
Estuvo algunos días con los discípulos de Damasco y enseguida se puso a predicar en favor de Jesús, en las sinagogas o casas de oración, y decía que Jesús es el Hijo de Dios. Todos los que lo escuchaban quedaban admirados y decían: ¿No es éste el que en Jerusalén perseguía tan violentamente a los que invocaban el nombre de Jesús? Y ¿No lo habían enviado los Sumos Sacerdotes con cartas de recomendación para que se llevara presos y encadenados a los que siguen esa religión? "Pero Saulo seguía predicando y demostraba a muchos que Jesús es el Mesías, el salvador del mundo".
Saulo se cambió el nombre por el de Pablo. Y en la carta a los Gálatas dice: "Cuando Aquél que me llamó por su gracia, me envió a que lo anunciara entre los que no conocían la verdadera religión, me fui al desierto de Arabia, donde permanecí por tres años, para luego volver a Damasco.
 Después de unos años, subí a Jerusalén para conocer a Pedro y a Santiago".
Las Iglesias de Judea no me conocían pero decían: "El que antes nos perseguía, ahora anuncia la buena noticia de la fe, que antes quería destruir". 
Y glorificaban a Dios a causa de mí.

Tradicionalmente se ha considerado este episodio como el que mejor representa el tema espiritual de la conversion, de modo que la expresión camino de Damasco ha pasado a ser sinónimo de «conversión».


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